Las Mellizas
ha borrado el camino de regreso
y en su nube confusa el muy obseso
va tallando su andar inadvertido.
Duele fácil la vida del vencido
que huye apenas de aquel murmullo avieso
delatando su paso hacia el deceso
que imagina ya muerto, convencido.
Duele torpe el intento de la brea
de adherirse al destello de su albedo
sin memoria que guíe algún atajo.
Duele acerbo el dolor cuando la idea
de no estar en el árbol de su credo
arrastrando la piel va hacia el cascajo.
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